
Se ha ido
a un viaje que no tiene nombre.
Es fácil nombrar las calles,
prestarle voz a los recuerdos,
despertar de un mal sueño
y decir:
.........¡aún estoy vivo!.
Dar nombre a los recursos de la huida
es para genios,
para escapistas.
Gente acostumbrada a pasar de largo
ante la cara oculta de la luna.