
Mi calle
es preludio de todas las tormentas.
¿Cómo hacer el verso que habite
la densa calma de tu noche
y, sin manchar los callejones,
recorrerte a ciegas las esquinas?
¿Y cómo desoír su canto fatigado?
Mi calle,
cuna de todos los colores,
sabido laberinto tantos años.
¿Cómo dejarte sola, amiga,
cómplice de tantas soledades?
Regreso, con cicatrices recientes,
al lugar de la vida,
foro incansable de extravíos,
club de selectos desahuciados.
Y en la mesa de tantas horas,
reaprendo las páginas oídas
- u otras -.
Leo ojos,
abrigo un viento helado.
Mi voz baja me piensa el instante
cuando ingenua, sin espejos,
llora:
................¡cómo han cambiado!