Me he muerto tantas veces en mi vida
he llegado tarde a tantos sitios
como colillas guarda el cenicero.
Me he quedado vacío, en la basura,
cada vez que me colma la pereza.
Cada vez
que las cuentas por columna no me salen
y se pinta de rojo algún signo si me miras.
He nombrado
los pecados capitales que adornan
los antros que frecuento.
De todos he comido con lujuria,
sin ser avaricioso.
Nunca olvidé dejar propina
en la mano crispada para un pulso.
Ni una canción
tendida como un puente entre los sueños.
Porque siempre hay princesas
que vagan a las cuatro sin dormir
buscando una caricia de acogida.
Temprano me acostumbro a llegar tarde
a todos estos actos.