
A veces solo encuentro
la firme decisión invertebrada
de no hacer concesiones
al corto espacio en blanco que me dejas
para habitarte cada día.
A veces me parece
que no toco tu mano ni me tocas
si duermo recostado en tu paciencia
o fumo un cigarrillo
en esta, que es tarde por tuya
por tu cuerpo tendido a mi esperanza
por mi sueño dormido sin tu acento.
Tanto sueño que huye
si me montas el vientre derramado
encogido, primero, ante tu pecho
y lluvia cuando alcanzas la razón
que te trae a mi tristeza.