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martes, 26 de febrero de 2013

LIBRO DE FAMILIA


Vivo en la casa de los muertos
                        solo.
Rodeado de las cosas que han dejado a mi cargo
sin pedirme permiso.

Y no puedo decir que me disguste
el tejado de zinc cargado de agua
ni las vidrieras que parecen
peces en un océano doméstico.

Más me importa el olor del desaliento,
la puerta equivocada que va a ninguna parte
o ese claroscuro que impregna todo
sin dejar que distinga
el yo que me libera
de ese monstruo tenaz que me persigue
como un álbum de fotos
                en sepia

con nombre y apellidos.


10 comentarios:

Tu hija pequeña dijo...

Precioso papá,como todo lo que haces. Te quiero mucho papi,un besito.

Manuel dijo...

Creo que es la mejor visita que ha recibido mi blog desde que lo tengo.

Gracias por venir hasta aqui para verme, hija. es todo un honor.

Ya sabes que yo también te quiero mucho. Un beso.

Soledad Serrano dijo...

Todos vivimo en casas llenas de muertos, llenas de enseres que nunca fueron nuestros y que se aprrietan entre las paredes exigiendo su espacio, recortando el nuestro. Pero, quizá, como tú dices lo peor es lo otro, porque siempre hay puertas que se abren hacia la nada y cajones que nunca guardarán aquello que nos fue neceario. Soledad,

Mila Aumente dijo...

Suele suceder: antes del viaje definitivo todos dejamos rastros. A veces innecesarios y otras, no solo no nos disgustan sino que forman parte imprescindible de nuestro vivir.

Querido Manuel, el poema me parece profundo y ácido. Y el comentario de tu encantadora hija, muy dulce... como todo lo bueno de esta vida.

Besitos.

Rosa dijo...

Estoy contigo cielo, el comentario de Amaya es lo más hermoso de tu blog hoy, que unido a ese gran poema y los comentarios de honor de tus admiradas damas, crean un espacio lleno de belleza.
Por otro lado, no me cabe duda de que, en algunos momentos (parecidos al que nos está tocando vivir), con quien mejor se puede vivir es junto a los muertos; ellos no nos dañan. Impresionante poema. Un beso

Nines Díaz dijo...


A todos nos llega el olor del desaliento que dejan las ausencias como tan bien transmite tu poema, Manuel.

Un beso.

Mari Carmen Azkona dijo...

Cuántos demonios, cuántas preguntas sin respuestas, cuántos adioses perdidos… Qué certeros son tus versos, Manuel, directo al centro mismo de las emociones.

Besos y abrazos

de soslayo dijo...

Si no estuviera muerto, si aún viviera,
asomaría una lágrima por mi mejilla
y en mis labios una palabras de perdón...
pero la frase expiró con nombres y apellidos,
como mi vida.

Salud

Manuel dijo...

Bienvenida, "de soslayo". No sé si te conozco, porque he husmeado en tu blog y no encuentro ningún dato sobre tí que me ponga en pista.

De todas formas gracias por tu visita y tu comentario, que siempre será bienvenido.

Un beso.

©Laura Caro dijo...

Este es otro de esos poemas que compartiré en mi blog con tu permiso.

Coincido con Rosa; los muertos no nos hacen daño y nos abrigan.

Aunque los vivos también abrigan, si sabemos rodearnos solo de los que suman.

Un beso, compi.

PD: Me ha encantado el comentario de tu hija, qué tierno.