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jueves, 29 de octubre de 2009

Para la siesta del dios de las cosas


La mano del niño no alcanza la luna.
Subido en el dedo perfecto de Dios
se baña en un llanto de sueño improbable
y tienta a la suerte.

Se estira creciendo en el tiempo, saltando
con plomo en los pies.

Mientras
penetra la adulta raíz en la carne
del niño y la tierra.

El dios de la cosas esconde su dedo
y espera paciente a que llegue otra noche.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Manuel: tú y yo sabemos que la luna es difícil de alcanzar; aunque algunos lo hayan conseguido, y otros, a veces, nos hayamos acercado a ella. Me gustan tus poemas porque en ellos encuentro la transparencia de la vida.

Espero que el día catorce nos conozcamos personalmente. Seguro que lo pasaremos muy bien.


Un beso.

Mila

Enrique Gracia Trinidad dijo...

Caramba, Manuel. Me parece un intenso y magnífico poema. Mi enhorabuena.
No quiero ponerme profesoral, así que en vez de decirlo yo, te sugiero que hables con "El guardián de los cerezos" y que te diga él algo del ritmo "clausular", como dice él siempre, de este poema.
¿Lo has hecho aposta o te ha "sonado"? Porque salvo una fuga más que justificada, está impecable.
Un abrazo.
Enrique

Emilio dijo...

Si, es espléndido...y esa metáfora del plomo en los pies...tiene la profundidad y la intensidad de la palabra que describe la dureza de la infancia del niño, el hombre, la mujer, que estira su cuerpo y su realidad para alcanzar el sueño imposible para muchos de un poco de felicidad.
Poesía original y necesaria. Pequeñas marionetas que, en su atrevimiento, buscan la justicia de los sueños y que los dioses respondan a sus ilusiones. Algunos han trepado por los hilos de las marionetas para ver que estaba detrás del mago de Oz. Y has descubierto el artilugio. Al menos no vivir en la mentira.

Pilar dijo...

Aunque silenciosa ultimamente, estoy por aquí, disfruto con tus viajes y tus poemas, ya sabes que me encanta.

Queda menos para vernos. Besicos

Valeriano dijo...

Espléndido y emocionante compañero. Todos somos niños entre los hilos de ese dios que nos pone plomo en los pies -a veces en el corazón- y nos deja con frecuencia a la deriva.
Muy emocionante

Rosa dijo...

Es realmente magnífico, aunque te lo he dicho ya (y hasta hemos hablado del "ritmo clausular" -jajaja!, quiero decírtelo mas veces, a ver si así me aseguro que el dedo del dios de las cosas, no se esconde de nuevo...

Manuel dijo...

Seguro que si, Mila: lo pasaremos genial. Reiremos, comeremos, beberemos y diremos tantas tonterías como nos quepan.

Lo mejor será estar juntos y saber que esta obra es algo vivo.

La luna siempre está al alcance de la mano, ya sabes...

Un beso.

Manuel dijo...

Pero Maestro!... ¿cómo me dices estas cosas?. ¡Yo qué se lo que es eso de "clausular" si solo me suena a "claúsula de contrato..."!.

Tu ya sabes lo torpe y lo elemental que yo soy: primero me pido el whisky; luego saco del bolso las gafas y el recado de escribir. Miro las piernas de la camarera... subo... subo... Y por fin llego a la inspiración!!!: Por favor, "(nombre de camarera", me pones otra copa...?.

¡Eso es poesía!.

Gracias por estar cerca.

Manuel dijo...

Querido Emilio: el tuyo es el resumen exacto. Por eso puse en "mis momentos ocultos" ese hermoso poema de Ana Martin Puigpelat, que es una perfecta compañía para el mío.

Aprovecho para recomendar su maravilloso libro "Estado de Noria". Me impactó en su momento y lo sigo releyendo con frecuencia.

Un abrazo.

Manuel dijo...

Mi querida niña Pilar. Te echo /echamos de menos.

Supongo que, como a todos, los tiempos te vienen a pretados y ahora es momento de otras cosas.

Da igual, seguiremos aqui, cerca, para abrazarnos cuando sea preciso.

Ya sabes que me gusta mucho saber de ti. Mientras nos encontramos, te dejo aqui un beso bien grande.

Manuel dijo...

Rosa, el dios de las cosas suele ser como el gran cabrón. O sea: esconderá el dedo cuantas veces quiera.

Los dos hemos tenido en estos días la experiencia de que los golpes ayudan mucho a crecer.

Pero tu, antes de golpearte, cóge esa baja que necesitas y vente a Murcia para curarte.

Un beso de esos que hacen historia; como dice Gonzalo: sin reloj.

Manuel dijo...

Gracias Valeriano. Espero que nunca dejemos de tener, como dice Lluis Llach, la mirada de un niño.

La poesía, el relato, el cuento, la novela... dependen de esa capacidad nuestra para sobrevivir en su hermosura.

Gracias por hacerme sentir que estas cerca. Un abrazo.

La Solateras dijo...

Muy buen poema, Manuel, y que me perdone el maestro pero me importa un bledo el ritmo clusular, en realidad me importan un bledo las clausulas en general. Y el dedo de Dios podia dejar las cosas en su sitio aunque solo fuera un rato.

Manuel dijo...

Ana: lo importanet es que estás de nuevo entre nosotros, con o sin dioses menores.

Bienvenida. Te deseo que la recuperación sea rápida y sin más sobresaltos.

Gracias por tu visita, la aprecio aún más imaginando que estas aún bastante flojilla.

Un beso.

Anónimo dijo...

Si algo no he podido entender nunca es porqué se analiza un poema .Un poema es sentimiento , emoción ,denuncia y no creo que cuando al poeta le viene la inspiración , sea mirándole las piernas a la camarera , viendo una puesta de sol , una injusticia , esté pensando en la métrica o en las figuras retóricas.La poesía es libertad de expresión y si se pensara en la composición poética en sí , no creo que salieran versos bellos . Me llama la atención esa humildad ante el " Maestro " , tu no eres ni torpe ni elemental y no entiendo esa admiración .No sé qué edad tienes , pero pienso que la suficiente para no sentir tanta admiración por una persona hasta el extremo de llamarle Maestro "
pues al fin y al cabo sólo es uno más del que poder aprender algo.-
Rosella

Anónimo dijo...

Rosella, mi más sincera enhorabuena por tu comentario.
Después de varios meses leyendo por estos lares, había llegado a creer que para poder expresar sentimientos a través de la escritura se debía de hacer una licenciatura, y me sentía totalmente fustrado por no tener tal, ni estar cursándola.
Al lector le emociona lo que lee, lo que las palabras transmiten, lo que el escritor quiere transmitirle, ¿no son estos puntos, básicamente, lo importante?.Un lector no ocasional.

Anónimo dijo...

"Maestro" es un modo amistoso y cariñoso de hablar. Probablemente el maestro coincida con Rosella, y con Manuel, y conmigo, en lo que se dice. Hay que añadir algo mas: un verdadero maestro y yo se de uno que lo es, no da normas, pone un espejo. Ayuda a buscar...mejor dicho, a encontrar. Yo, personalmente, nunca he creído que la poesía sea cuestión de estrofas, ni de retórica. Pero soy amigo, como Manuel, de algunos "maestros". Hay cosas que son de complicidad interior, de juego de lenguaje, Rosella. Porque, en esencia, yo creo en la libertad y en la belleza de la forma, y en la fuerza del contenido.
Manuel no necesita maestros en ese sentido, por supuesto. Necesita amigos. Y los tiene. Los tenemos.
Me gusta la gente valiente. Y la gente iconoclasta. Dejémonos de medir con la vara pequeña los poemas. Y midamos, de paso, con la vara grande a las personas. Sobre todo a los mejores. A los que escriben bien. A los que en sus poemas y escritos nos abren horizontes, nos hacen pensar. Y nos hacen soñar.
Esos son los buenos.
Manuel es de ellos.
Enrique Gracia Trinidad, uno de los mas grandes como poeta, escritor, amigo y ser humano que conozco es también de ellos.
Y a mi, modestamente, me gustaría estar con ellos en el intento.
Porque todo es un intento, nada más que un intento de ser.
Y compartir.

Emilio Porta

Manuel dijo...

Suscribo íntegramente el texto de Emilio, al que agradezco que me ahorre prolijas explicaciones. Él las ha dado con la maestría que le caracteriza.

Pero me permito, en mi casa, puntualizar algunas cosas: ¿Quien es nadie para juzgar si yo llamo "maestro" o no, a Enrique?. Enrique Gracia es mi amigo, y no es mi maestro por razones geográficas. Pero de alguna manera lo es a fuerza de cariño y esfuerzo. Y es mi maestro por cualidad propia, por valía personal, por mi propio consentimiento. Y lo es no solo en la escritura y en su sabiduría sino, quizá mucho más, en su entereza, en su fuerza, en su ser noble.

Emilio, con quien tanto he compartido en tan poco tiempo, es persona a la que sigo, procuro leer y trato de aprender de ella. ¿quien habrá de juzgarme si algún día le llamo "querido maestro"?. Pero es que leo también a Santiago con pasión, porque creo que él tiene mucho que enseñarme. ¿quien puede culparme de ello?.

Mi ventaja es que, rondando los 60, deseo aprender. Pobre de quien crea que ya paso su tiempo para el conocimiento. Ese está muerto.

Recomiendo a quienes teman aprender que no se acerquen a esta página. Mientras pueda hacerlo, propugnaré en ella la creatividad, el conocimiento, la amistad e incluso la ciencia. Ojalá yo llegue alguna vez a saber expesar lo que lo cotidiano me sugiere, de la manera que desearía hacerlo, con la belleza con que se me presenta. Pensar que cualquier combinación de palabras expresa de la misma forma una imagen, es ilusorio. Podría dedicarme a investigar sobre el asunto, pero no es mi labor. Así que prefiero tratar de aprender de mis mayores, los que trabajan de verdad la palabra escrita, los que valen más que pesan. Los que dicen las cosas de manera envidiable.

Y tratar de aprender esas formas, sin perder un ápice de frescura en lo que escribo. Pero eso requiere un viaje largo en el que, a veces, me puedo sentir perdido. Requiere la continua búsqueda de la frescura y la sabiduría.

Por eso, sin ser el oficio de escritor el oficio al que dedico, hoy por hoy, mi vida; siendo así que no soy esritor ya que no trato de vivir de ello, defiendo mi derecho a elegir mis denominaciones. A llamar "maestro" a quien yo sienta como tal, a escribir lo que mi vida me sugiera sin dañar a nadie. No necesito hacer una licenciatura para llenar de palabras un papel. Pero si, desde luego, necesito trabajar lo que escribo, a la luz del buen hacer de las grandes personas que me rodean, para sentirme medianamente satisfecho de ello.

Claro que eso no quiere decir que todo el mundo hya de obrar de la misma manera.

Enrique Gracia Trinidad dijo...

Por alusiones.

Ya que es a mí a quienes algunos de estos amigos y compañeros llaman “maestro”, aclararé:
Sé que lo hacen en el mismo sentido amigable en que a veces decimos a alguien “chico” “niña” “tío” aunque tenga 50 años o no sea hermano de nuestro padre. En el mismo sentido coloquial con que llamamos “colega” a quien no es compañero de corporación o profesión.
Lo hacen por amistad, cariño y tal vez alguna deferencia a mis años o mi relativa “experiencia”, no con humildades ni vasallajes . Al principio me desconcertaba, incluso me sentía un poco molesto (podía parecer burlona la cosa) pero fui entendiendo el cariño y el aprecio que ponían en la palabreja y he terminado por aceptar que alguien me la aplique.

Creo que todo esto lo han explicado muy bien Emilio y Manuel y aunque sus elogios --¡como siempre!—resulten desmedidos, saben que como ellos me tomo la supuesta “maestría” con el humor que merece, y que casi todos, yo el primero, nos pasamos la vida siendo discípulos impenitentes.

En todo caso, quisiera decir a Rosella que más allá del disfrute emocional, reflexivo, ideológico o lo que sea que nos produce un poema, existe otro tipo de lectura que debe hacer primero el propio autor y que posteriormente puede, o no, hacer el lector y que es analítica. No es cierto que la poesía sea sentimiento, eso es una peligrosa falacia que sería largo de explicar aquí.
“Líbrate de poeta que no borra”, decía Lope de Vega. Ver uno sólo de los borradores de Bécquer, llenos de tachaduras, correcciones, etc. es un ejemplo de que tras la llamad “inspiración” (que no es más que estar atento al mundo de una manera un poco especial) hay mucho trabajo, mucha disciplina, mucha elaboración... y , lo siento, mucha técnica.
¿Por qué entendemos esto en cualquier arte y se lo negamos a la poesía que también es un arte?
Si esto lo entendieran muchos de los poetas actuales nos libraríamos de tanta poesía fallida como vemos, por ignorancia, por falsa “modernidad”, o por desprecio de la necesaria preparación para escribirla bien.
¡Caramba, me he puesto en plan profesoral! ¡Lo mismo empiezan a llamarme maestro ahora con mala leche!
Y al otro anónimo que firma como “Un lector ocasional” le diré que este a quienes amigablemente llaman algunos “maestro”, es —soy—, como dice Rosella, “uno más del que poder aprender algo” y aún más, alguien que se pasa la vida aprendiendo de aquellos a los que supuestamente enseña. ¡Y encima —esto te hará sentirte mejor—, no me licencié jamás en mis estudios. Como diría Gloria Fuertes, “la primera vez que entré en una universidad fue para enseñar algo de lo que yo sabía”. Rigurosamente cierto en su caso y en el mío.
Nada más, amigos. Gracias por llamarme como os de la real gana (¿véis: “real” y no sois reyes salvo en mi corazón que os ama)
Enrique
graciatrin@yahoo.es
http://enriquegraciatrinidad.blogspot.com
http://enriquegracia.blogspot.com

Anónimo dijo...

Bien . Estoy contenta . Mi comentario parece que ha dado resultado . Muchas gracias .Me ha dado mucho gusto leeros ya que , por primera vez , os habeis esplayado largo y tendido .-
Rosella

Anónimo dijo...

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- Norman