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lunes, 15 de febrero de 2010

Solos



Se habían quedado solos en el bar.
Ella a lo suyo: recogiendo; y él
cómo te llamas.
Y ella se lo dijo. Y él cierras ya.

Y esa habría de ser la pregunta mágica.

porque ella tenía que decir aún no,
y él otra copa y te hago compañía.
A esta invita la casa.

Y cuando no quedó
mueble en el local del que probar la resistencia
y se acabaron las canciones cómplices,
ella le dijo vienes a menudo,
y él, a veces.

Nada más cuando la puerta se cierra
tanto da de qué lado.

16 comentarios:

Emilio dijo...

Comentario rápido: cuando la puerta se cierra, si uno desea no quedarse encerrado, hay que abrirla.
Posteriormente te comentaré sobre Cain - ya que me señalas que el debate sigue abierto - y sobre esta estupenda entrada. Y buena y premonitoria foto ( si la suerte nos acompaña).
Un abrazo.

Port

Manuel dijo...

La foto se debe más bien al local que me gustaría regentar para escribir, leer, cantar, encontrar a los amigos...

Cain sigue vivo a lo largo de la historia... para nuestro bien.

La puerta... ¡Ah!... ¡la puerta!. Es esa que tantas veces se ha quedado detras o enfrente después de quien sabe qué...

Emilio dijo...

De eso estamos hablando, regidor, de eso estamos hablando...de ese local. Y sí, me gusta la foto. Y el poema. Por múltiples razones. Uno sabe siempre de que lado queda el corazón...incluso cuando, a veces, la mente, le detenga. Buenas noches, Manuel. He tenido algún dolor de alma en estas horas últimas del fin de semana... Pero quizás haya suerte y el sol despeje la niebla. Quizas dormir poco no favorezca los sueños, dicho en todos los sentidos del concepto. Pero, a veces, uno se queda haciendo examen de conciencia y de perspectivas, trabajando en la escritura o en las reflexiones...y se termina el cuerpo acostumbrando.

La Solateras dijo...

¿No tiene este poema reminiscencias sabinianas de Y nos dieron las diez. Cuando regentes ese local, avisa, please.

Pilar dijo...

Ay, si fuera yo camarera de ese bar y tú cliente...¡ qué mal nos iría Manuel...!Nos darían las 2 y las 3 como bien dice Solateras.
¿Cuando abres el bar?¿me das trabajo? jajaja.
Me encantó el poema, sabes que tus ecos bohemios siempre me gustan.
Un beso...

Alejandro dijo...

Querido Manuel: No me gustan los locales aspirantes a desiertos ni puertas que se cierran para siempre, ni moradores sin posada ni caminos para andar. Pero ¿dónde pasa eso? ¿Quién dijo que hay miedo en el alma? Aquí no. En tu local, Manuel, estás tú, ayudando a abrir y nunca a cerrar, a montar el escaparate y nunca a recoger. Estás tú, Solateras, Pilar y Emilio. Y vendrán más, claro que sí.
"Nada más cuando la puerta se cierra/ tanto da de qué lado".
Da igual. Da igual porque cuando una puerta se cierra, se habren muchas ventanas. Tenemos que mirar adelante, y quiero -con tu permiso, Manuel- que esto le llegue a nuestro amigo Emilio con el cariño que merece, porque con ilusión, con buena voluntad, con la fuerza de la amistad, el respeto y la tolerancia, se van los males por las otras puertas que se abren ofreciendi posesiones de valor incalculable. Nada que temer, amigos, porque vuestros pemas tendrán su espacio donde vosotros queráis, hasta en la Venta del Olivo, que en Murcia se conoce muy bien.

Aunque no me pongáis más copas, os seguiré haciendo compañía, y si el tiempo se alarga y no invita la casa, la primera ronda que sea mía. ¡Va por todos!

Ves Manuel, cada vez que te leo, se me arrebata el corazón. ¡Enhorabuena!

Un abrazo fuerte.

Alex

Anónimo dijo...

Pero qué gran personas eres Alejandro, y qué buen compañero...

Port

Manuel dijo...

Que bien!: salir de trabajar y encontraros a todos aqui. Si es que me dan ganas, de verdad, de poner un local... garito o lo que sea. Ganar no ganaría yo mucho, pero lo ibamos a pasar!!!!.

Pilar, cariño, si aceptas trabajar por el placer moral de hacerlo, quedas contratada. Ya has visto que esto dinero, lo que dice dinero, no promete.

Gracias a todos por vuestro comentario siemrpe cariñoso.

Y, esta vez, especialmente a Alex, que yo no se si darle directamente el carné de "pacificador". Lo que si se es que estamos en el mismo barco.

Rosa dijo...

Siempre encontramos esa puerta abierta, cuando lo que hay tras ella merece ser traspasado… Incluso cuando se trata de medir la resistencia de los muebles ¿no? (jajaja!). Me encanta como ha quedado, al verlo colgado de tu blog, y sobre todo, me encanta los que nos hace sentir a cada uno de los que te visitamos.

Un beso
traspasar

Javier dijo...

Ya sabes, yo no entiendo, pero..., jo que bonito.

Mari Carmen Azcona dijo...

Sensual y sugerente poema el que nos has regalado y con Aute ambientando este agradable local, has amplificado las sensaciones.
He de decir que en los años que trabajé de camarera, no encontré clientes como el de tu poema y, sin embargo, si muchos que deseé que se marcharan para cerrar la puerta tras ellos.

Un beso.

Manuel dijo...

Rosa, casi siempre le debo a tu cariñosa crítica si algún poema mío ha tomado un caríz más adecuado. Ya sabes que yo escribo a golpes, un poco torpe.

Luego te dejo el papel y tu "sugieres". Y así, algunas veces, llega a salir algo que no se indigesta demasiado al leerlo.

En este caso me apetecia recrear la última hora de tantos bares en la fantasía de tantos clientes que se van y desearían otras cosas.

Ya sabes: es poner a jugar la imaginación...

Gracias por la cercanía de tu presencia. Un beso.

Manuel dijo...

¿Bonito, Javier, bonito?... ya te daré yo bonito que me tienes estudiando lo de la Novela Negra o mejor, "Género Negro", que la excelsa Tautina me ha reñido en tu blog por inculto.

Si es que uno no tiene que meterse en donde no sabe. Se me está ocurriendo escribir una historia sobre un Halcón... una figurilla negra que vale mucho y que... Ay!, no... que esa ya está escrita. Bueno trataré de pensar en otra cosa.

Pero cómo me alegra verte por aqui. Ten cuidado con los valencianos, que son muy ruidosos.

Un abrazo.

Manuel dijo...

Querida Mª Carmen, entre lo sensual y lo zafio siempre ha habido un abismo.

A estas alturas de mi vida casi solo me queda recordar cosas. Por contra, mi amiga Ana, camarera de la Europa del Este de un bar en mi pueblo, con aquella confianza que dan sus años y los míos, alguna vez me dice: ¿te esperas un poco hasta que llegue Jesús (el jefe)?... Es por no quedarse sola en el local... no por la resistencia del mobiliario, claro!.

Gracias por tu comentario y por tu cariño. Un beso

Anónimo dijo...

"Y cuando no quedó mueble en el local del que probar la resistencia" ¡Qué buenísimo, Manuel!... Veo que en mi ausencia (he estado varios días fuera de Madrid) la inspiración no te ha abandonado.

Un besito.
Mila

Manuel dijo...

Querida Mila: si es que... la cabra tira al monte... ya sabes.

Me alegro de que te haya gustado esta pequeña diversión que me he premitido.

Un beso.