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miércoles, 7 de abril de 2010

El nombre de las cosas

Con esa vocación de dios de las cosas, fue dando nombre a cada bestia, vegetal o accidente que encontraba. Hasta detenerse ante el silencio. Y lo llamó silencio. Y se detuvo ante él.

Vio entonces que el silencio no era objeto, ni bestia, ni accidente. Vio una puerta que guardaba universos no nombrados y, en ese preciso instante, cayeron a los pies del que nombra las cosas, todos los siglos de cansancio ya pasados.

Y ya no supo qué nombre darle a cada matiz del rumor de las aguas; a cada sonido distinto del viento; a cada color reflejado en millones de atmósferas. Al gesto cambiante de las bestias que intentaba trasladar al de sus semejantes, sin serlo.

Así que cerró tras de sí la puerta de nuevo, pensando que el propio silencio iría nombrándose en sus formas infinitas. Exhausto, se entregó a la tierra. La distancia iba aumentando sin cesar, separándolo de todas la cosas, estirando la raíz hasta arrancarla de cuajo.

Debe ser la muerte, nombró por acercar la razón a ese torbellino. O el sueño al que mi ser, agitado por tanta incertidumbre, me arroja.

Siguió el silencio que se impuso sin necesidad de abrir puerta alguna. Como una respuesta tardía, esencial, se le dispersó por el ser otra esencia luminosa.

¿O la vida eterna? .


19 comentarios:

La Solateras dijo...

Verdaderamente hay muchas cosas maravillosas que no tienen nombre, ni falta que les hace. Sobre todo si tú nos las enseñas en una entrada tan sutil y tan sugerente como esta.

Un besazo.

Juliana González dijo...

Manuel, un poema del gran Borges que viene a cuento (Borges siempre viene a cuento... creo que fue el quien dijo aquello de "no hables a menos que puedas mejorar el silencio"):

EL SUR (En fervor de Buenos Aires, 1923)

Desde uno de tus patios haber mirado /
las antiguas estrellas,
desde el banco de
la sombra haber mirado
esas luces dispersas
que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar /
ni a ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán, la humedad
-esas cosas, acaso, son el poema.

Con un abrazo,
Juliana

ALEJANDRO dijo...

Querido Manuel, ¿qué importa cómo se llaman las cosas?. Tú las has nombrado con la precisión requerida. De todas ellas, me quedo con la más sonora, con el silencio. Creí que había sido Beethoven el que dijo eso de "Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo". No importa. El caso es que el silencio es un buen aliado, tan bueno que no discute con nadie ni habla mal de los demás. Hay un refrán que dice "La palabra es plata y el silencio es oro". Ya me callo, pero antes he de darte las gracias, amigo Manuel, por frotar con tus discursos en eso que nos hace pensar que, de tan gastado, ya no se ve ni su nombre.

Un abrazo fuerte.

Alex

Rosa dijo...

Vale, vale… yo esperaba que hubieras puesto otra entrada y como siempre, vuelves a sorprenderme cariño...¡y de qué forma!
Si seguimos con los pensamientos en torno al silencio (por cierto Alejandro, creo que sí fue Borges el que dijo eso, pero igual se lo copió a Beethoven… a saber), alguien dijo –creo que José Martí- que “el silencio es el pudor de los grandes caracteres”. Hermoso reflejo de algo tan hermoso como lo que has escrito cariño. Hermoso final para ir mas allá de lo escrito, en nuestro pensamiento.
Cada día escribes mejor ¿eh?... como diría el maestro; a juego con tu nuevo "momento oculto".
Un beso

ALEJANDRO dijo...

No sé Rosa. En mi libro pone que lo dijo Beethoven (era músico y además sordo), pero no voy a insistir. Yo no estuve presente en los discursos de ninguno de los dos ilustres, no puedo asegurar nada. Lo importante es que el silencio es lo que es, lo que ha dicho Manuel, que siempre dice las cosas con tanto acierto.

Besos, abrazos.

Alex

Pilar dijo...

Lo he leído varias veces admirando esta forma que tienes de describir y admirando como el silencio en tus letras le da forma a cada cosa.
Yo me quedo con una frase de Miles Davis, músico de jazz, "el silencio es el ruido mas fuerte, quizás el mas fuerte de los ruidos"
un beso susurrante, casi silencioso ;p

Emilio dijo...

Ya sabes, Manuel, yo siempre encuentro cosas que a lo mejor son pura invenciòn de mi mente...Pero en este texto - absolutamente extraordinario a mi entender - hay algo más que silencio...yo veo a ese pobre Dios escaso de potencia, cansado de crear y de nombrar y consumiéndose en su propia creación, en una tarea que le desbordaba. Veo que el Universo supera a Dios y le lleva, como concepto, al último rincón de las galaxias, al silencio final, para que reflexione un poco - si pudiera y no fuera una entelequia -sobre este Universo que algunos dicen que ha creado y que, claramente, supera las pretensiones de su supuesta sabiduría. Ya se, ya se, Manuel, que a lo mejor voy más allá de tu propio pensamiento... pero mira, esta vez, no lo creo. Es como si mirara tu interior con la claridad que da la conceptualización misteriosa del lenguaje que utilizas. Para mi, abierta claridad y sugerencia. Y si me equivoco, me lo dices y en paz.
Una entrada realmente espléndida. Gracias, como lector y ser pensante, por ella.

Port

Manuel dijo...

Ana, la necesidad humana de nombrar cada cosa, adapatándola a su propia necesidad, hace que muchas veces las cosas cobren un matiz más que vulgar.

Yo prefiero, como en la decoración de la casa, dejar que la imaginación y el tiempo fluyan: ya se iran llenando los espacios vacíos.

Tus palabras siempre enriquecen este rincón. Gracias por estar... y por ser.

Manuel dijo...

Juliana, leo atento el poema de Borges que me propones y lo guardo en un lugar íntimo para saborear la idea que anuncias en este rincón.

Lo más importante para mi es que hayas venido a hacerme un rato de compañía.

Como dice el otro poeta: "sabes que puedes contar conmigo".

Un beso.

Manuel dijo...

Alex, yo nombro con palabras torpes mi propia ignorancia. Si algo me salva es el intento inflexible de búsqueda.

Hay seres que, como tú, arrojan luz a mis actos y me sirven de referencia. Por eso me gusta que estes cerca: solo por un acto maravillosamente egoista de aprendizaje.

Te echo siemrpe de menos, aunque estes cerca.

Manuel dijo...

Rosa, cariño, después de buscar y buscar (y esto va también para Alex) he llegado a la conclusión de que eso de que "si lo que dices no no es más bello que el silencio, no lo digas", es un proverbio árabe anónimo. Yo soy el más equivocado porque siempre pensé que pertenecía a Kafavis.

Pero todas las entradas que he encontrado en Internet me dicen los mismo: "proverbio árabe...".

Hermoso proverbio árabe... como tú.

Manuel dijo...

Pilar: el silencio es para mí un acto cotidiano. Lo necesito muchas veces a lo largo del día como contraposición al ruido del mundo que me rodea.

Mi principio es de ahorro energético. Un ahorro de energía que me sirve para utilizarla en las cosas que realmente me interesan.

Llegamos a casa llenos del ruido del mundo que habitamos. En mi caso, me desnudo (solo a veces completamente); escucho la música que me identifica con el pensamiento que me ocupa (no sería posible si la tele estuviese encendida). Busco la situación de mi ser y trato de modificarla hacia el rumbo que me ocupa...

Bueno, cosas del loco que soy, pero que me hacen sentir identificado con mi propio espíritu. En resumen: soy incapaz de llegar a casa, acostarme y dormir.

¡No dormiría!.

Un besazo en espera del de verdad.

Manuel dijo...

Querido Emilio: ¡Claro que tienes razón!.

Vale que es una razón menos explícita que lo que propones. Pero la tienes.

El "nombrador" de las cosas es el propio, vanidoso, ser que las contempla. El mismo que, humildemente, reconoce su incapacidad para estrechar ciertas cosas en la materia de su ser. Si le llamas Dios, no fallas. Si le llamas "hombre" tampoco. Por eso yo utilizo la palabra "Ser" para nombrar al nombrador.

El acto es la Sabiduría. El encargado de este tremendo oficio se reconoce incapáz de completarlo, ausente de dioses y de otras ayudas esotéricas. Y no es que se rinda: es que, lleno de sabiduría, aprende que el silencio solo lo rompe el mismo ser que lo ha creado... por encima de la soberbia humana.

Y gracias por tus palabras que siempre dan pie a intensos comentarios.

Anónimo dijo...

Eres un monstruo, Manuel, no físicamente, sino intelectualmente, y por supuesto no en lo feo sino en tu capacidad majestuosa para ahondar en la profundidad de la materia creada y mostrárnosla de forma tan hermosa y poética. Vamos, en resumen, que me ha gustado.
Antonio Castillo

Mari Carmen Azcona dijo...

Estoy segura de que Dios no tuvo nada que ver con el hecho de poner el nombre a las cosas. Al contrario, él fomenta la incomunicación, el desconcierto. Recordad que nos prohibió comer del árbol de la sabiduría, y ya sabéis el caos que fomentó en la torre de Babel...tantos y tantos ejemplos.
El ser humano necesita relacionarse y es, según mi punto de vista, el mejor invento de la historia. Gracias a poner nombre a de las cosas, y por ampliación el lenguaje, nos comunicamos, aprendemos, experimentamos, ampliamos conocimientos...todo un abanico de posibilidades que nos ayudan a progresar y crecer.

Es fácil poner nombre a las cosas, animales...pero cómo encerrar en una palabra las sensaciones, los olores...como tú bien dices es difícil y, sobre todo, cuando cada uno tenemos una percepción particular y distinta.

Magnífica entrada Manuel, para leerla y saborearla en silencio. Ese amigo fiel, discreto y pensativo, que nos espera pacientemente.

Besos y abrazos.

Alicia dijo...

Manuel, muchos han sido los que se han refugiado, al igual que tú, en esos momentos de silencio. Ese silencio principio de la sabiduría ya que según bien dicen “escucha y serás sabio”. Sin ir muy lejos, por el tan celebrado centenario, de Miguel Hernández dicen que desarrolló una capacidad de silencio interior debido a sus estancias solitarias de pastoreo en el campo. Esto le hizo hacer una lectura de la realidad muy directa. Acaso esa precisión tuya cuando escribes, no he dejado de leerte, también tenga su origen en esa situación de tu ser que buscas tan sigilosamente.

Un abrazo

Manuel dijo...

Antonio, gracias por dar forma a ese monstruo en tu cabeza. No me importa serlo si algo de lo que escribo te gusta.

Por cierto, me voy ahora mismo a tu casa, que se que estás de estreno.

Un abrazo.

Manuel dijo...

Mª Carmen, en entradas anteriores, tanto tú como yo, hablamos de ese dios del caos. También Emilio, ¿recuerdas?.

Esta entrada se me sugirió cuando empezaba a hacer un comentario en el Blog de Ana Montojo (Solateras). Hay poco silencio en nuestras vidas y no solemos dejar que el espíritu fluya: lo ahogamos en el ruido.

Yo creo que las cosas, si se las deja tranquilas, van tomando su lugar. ¡Hasta las ideas!.

Un beso.

Manuel dijo...

Bienvenida Alicia: se te echaba de menos. Y gracias por eso que dices de que no has dejado de leerme. es un honor.

Coincido totalmente con lo que dices. Ignoro si Miguel Hernandez debe, aún en parte, la maravilla de su obra poética a esa práctica del silencio.

Lo cierto es que si uno se empeña en dejarse los espacios de silencio que cree necesarios, acaban tachándolo de huraño: ¿qué le vamos a hacer?.

Un beso.