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miércoles, 27 de enero de 2010

TERTULIA MONTESINOS

Emilio me pide que me haga eco de este evento y aqui estoy. Ya quisiera yo poder asistir...Pero los de provincias... ya se sabe.

Tertulia Literaria Hispanoamericana

Rafael Montesinos

Emilio Porta
Poemas publicados e inéditos
presentado por Enrique Gracia

Martes 2 de febrero de 2010
Colegio Mayor "Nuestra Señora de Guadalupe"
Avenida de Séneca, 4
Madrid
19.30 horas

martes, 26 de enero de 2010

Si te vistieras de seda...


Si te vistieras de seda
no me haría falta soñarte.
Saldrías a pasear por el jardín,
te pondrías una flor en el pelo
y dejarías que asomara, solo un poco,
tu pecho por el escote.

Pero eso sería si te quitaras
la falda de cuero y las medias tupidas
que usas algunas noches inciertas;
si no te pusieras por gargantilla
el sello de esclava de tu empresa.
Si al sonreír, no rodasen lágrimas
por los tejados de mi ciudad.

No ha cambiado nada, y sin embargo,
ahora te veo de otra manera.
Se me ablanda algo por dentro
ante la arruga fortuita de tu ceño,
cuando te descubro llorando en la madrugada.

Y yo aprendo a amarte lentamente.
Cuido que tengas la toalla preparada,
leche para el desayuno,
un beso y algunas cosas que hacer cada día.
Y siempre tengo a mano las herramientas
de aflojar dolores y ajustar peligros,
por si alguna vez las necesitas.


domingo, 24 de enero de 2010

Muy recomendable.


Os dejo aqui el enlace con la página de Enrique Gracia. Nos invita a escuchar la radio. Yo ya lo he hecho y os puedo asegurar que merece la pena. RADIO UTOPIA... ¡que bien suena!.

http://enriquegracia.blogspot.com/2010/01/nuestros-programas-de-radio_21.html

Tened en cuenta que se puede escuchar a cualquier hora en

http://blip.tv/file/3115324 o en http://unmomentoporfavor.podcast.es


Por otro lado, también me parece muy recomendable el Blog de Luismi Rodriguez. Excelente poeta y buen profesional de la Psicología (esto último solo lo creo: yo aún no lo he necesitado, pero nunca se sabe).

http://psicopoetica-luismi.blogspot.com

Seguro que sería un gran fichaje para nuestra Asociación.

Que disfrutéis.

jueves, 21 de enero de 2010

COINCIDENCIAS


No existe mejor coincidencia
que leerte en un poema.
Tus dedos son las sílabas que cuentas;
los labios, el acento
de aquel tiempo encendido que has escrito.

En la noche, te encoges o te alargas
como hacen las palabras en tus versos.
Y te apagas despacio con el sueño
como lo hace el motor de tu coche si te vas.

Uno, entonces,
cierra los ojos y respira
esa luz que se queda pegada en las alfombras,
testigo de la noche antepenúltima,
de una sonrisa,
de tu intención de amarme a ciegas.


lunes, 18 de enero de 2010

TODOS NOSOTROS


HAITÍ URGENTE

Si estoy muriéndome
y llueve,
y hace frío.

Si la herida no para de sangrar,
y no han llegado.
Y duele y tengo miedo.

Si acabo de quedarme
sin nada de lo poco que tenía
y soy negro
........y ellos son blancos

¿Hasta cuando esta noche?


domingo, 10 de enero de 2010

ELEMENTOS




El manto cambiante del río
dibuja en silencio la escena.

Los dedos se aprietan temblando,
ciñen un ramo de flores prestadas,
mientras una letanía de nombres precisos
se esparce despacio en el agua.

La mano se eleva certera;
entonces vuela la flor por el aire
y los pies, cansados de barro,
desatan sin prisa la soga
que anuda el momento a la tierra

Los ojos ya no huyen del tiempo.

Purgatorio

Después de haber tendido la ropa,
dejar a los niños en la escuela,
tomar un café y leer el “Marca”,
subía andando hasta el quinto,
con la fatiga que dan mis dos paquetes diarios.

Hoy he decidido quedarme a echar la siesta
con la rubia del segundo izquierda:
esa regordeta
que siempre me mira con una sonrisa
de bombón relleno de licor.

Y es que, a veces,
pasar por el purgatorio
prepara la llegada a los cielos.


viernes, 8 de enero de 2010

Desde que te has ido


Desde que te has ido
me he hecho amante de los bares.

Encaramado en el taburete
.......... - como cuando lo hacía sobre tí -
cabalgo encendido por la noche
esperando que un sueño piadoso
me ponga de nuevo entre tus muslos
sin las mismas consecuencias que otras veces.

Me pregunto dónde fue a parar
aquella vocación de ladrón de lunas
que viví a tu lado.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

MIGUEL HERNANDEZ


Dejo aqui el enlace con la página de Enrique Gracia Trinidad, consciente de que no todo el mundo lee todos los Blogs, porque me parece importante que su última entrada sea leída por la mayor cantidad de gente posible.

Seguro que, después de conocer el contenido, entenderéis por qué.


http://enriquegracia.blogspot.com/2009/12/por-miguel-hernandez.html

lunes, 28 de diciembre de 2009

El Regreso

Se que debía esta crónica. Quizá no es la que se esperaba: pero es la que he sentido.



Nos dan las 12 en la cubierta superior del barco, entre risas y voces que suenan en un idioma extraño y perfectamente inteligible por la cercanía de las pieles morenas. Fumamos de uno u otro paquete, porque en la cubierta de arriba se puede fumar. Abajo, la vida trascurre de manera distinta, callada, más culta y tranquila. Hay menos risas y se descansa. Porque quienes lo hacen sienten esa necesidad.

No me siento extraño en ningún lugar. Pero arriba me siento más yo; quizá porque puedo fumar. O puede que solo sea porque esas risas de la tripulación me suenan más cercanas. Sus manos, sus palabras que Sonia me va traduciendo noche tras noche, el regalo de su cercanía en esas horas, hacen que este viaje me sepa a necesario.

Nada de lo que sucede en el barco me es ajeno. A pesar del cansancio que produce bucear tres o cuatro veces al día, no puedo dormir sin vivir un poco en cubierta, sin saborear la vida que se me está ofreciendo delante. A veces en forma de enfermedad. He tenido que agradecer la suerte de mi profesión que me ha servido de puente para tocar, oír, hablar, curar... Y para disfrutar de las sonrisas cómplices.

Si Adel se enferma y todo son carreras y miradas de angustia que buscan en mi una respuesta. Y si yo me siento tan solo ante esa ansiedad y trato de dar una imagen de seguridad; y si lo consigo... Si Hamada, pese a su terrible infección de oídos, ojo y nariz me sonríe cuando le pregunto si toma las medicinas que le mandé. Si Mahmoud me ofrece un cigarro de su paquete nada más salir de bucear y, encima, pone en mis manos el timón de la “Zodiac” y me deja patronear en ese gesto de amistad y confianza. Si todo esto sucede, ¿qué puedo oponer cuando la noche me invita a sentarme bajo el cielo y escucharlos hablar en un idioma que desconozco pero que siento como mío?

La voluntad se contagia cuando el medio no está contaminado.

Por eso hemos asistido en estos días a un fluir de sentimientos que, más o menos libres, se han desatado. Algunos se preguntarán si el objetivo de mi viaje era o no bucear. Porque, es cierto, parece que ese fin no fuera importante. Habré de responder que, a veces, las razones iniciales no lo son todo. Más aún: muchas veces estas razones pierden su sentido sobre la marcha para que se nos permita alcanzar otras más plenas, mucho más sabrosas. Es, en realidad, cuestión de saber vivir los sucesos sin más predisposición que la de aprender.

He vuelto al Mar Rojo después de 3 años. Y ahora sé que volveré de nuevo. Porque es cierto que los miles de buceadores que visitan estos fondos cada año, los van deteriorando, contaminado, destruyendo sutilmente. Pero también he comprobado que las personas que viven allí siguen teniendo algo que me falta. O que tengo arrinconado en algún lugar bastante olvidado de mi ser. La arena sigue siendo blanquísima; los peces tienen unos colores inigualables; la luz no se puede describir. Pero las gentes que nos han hecho posible este viaje, esas no se encuentran en cualquier lado.

El día de nuestro regreso, 13 de Diciembre, cumplía 58 años. Y, mientras comíamos en Madrid y un grupo de buenos amigos me felicitaban, seguía preguntándome qué diablos hacia yo allí si mi corazón cada vez anda más repartido por los lugares que voy visitando, aunque sean repetidos.

Siempre hay algo nuevo en cada sitio que me va enamorando. Espero que algún día de estos no llegue a escribir la crónica de mis viajes, simplemente porque ya no haya regresado, porque me haya quedado, definitivamente, al lado de la vida.



jueves, 3 de diciembre de 2009

INVIERNO


Los días cambian de color
al ritmo que marca el invierno.

Se vuelven torpes y derraman,
siempre a deshora,
un alud de oscuridad imprevista.

Los ojos cerrados del gato
sueñan que llega, borracho, un amigo;
lo invita,
y duerme caliente otra noche.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Mar Rojo... De nuevo


¡Bueno!, de nuevo ha llegado el momento de hacer maletas, preparar equipajes de buceo, comprobar que todo funciona correctamente. Todo ello con esa emoción casi de primerizo que siempre me producen estos viajes.

Esta vez nos vamos al Mar Rojo. Ya estuvimos alli en Abril de 2006. Después ha habido muchos otros viajes a otros paraisos pero, la opinión consensuada, es que este es el mejor lugar de buceo que hemos conocido hasta ahora.

Y como algo hay que resaltar de entre las muchas cosas maravillosas que encierran estas aguas, para mi, que soy "chatarrero" impenitente - o sea, que me encanta bucear en barcos hundidos - el pecio Thistlegorm es uno de los mayores atractivos de este viaje.

Un poco de historia:

En 1941 en plena Guerra Mundial, el carguero inglés Thistlegorm, tras rodear el continente Africano, para evitar a los buques alemanes, es avistado por una escuadrilla de aviones alemanes, que le lanzan un par de bombas, que hacen que mueran 14 de sus tripulantes por el impacto y el buque comience su inevitable hundimiento.

Este es el origen de este pecio, sin duda el más espectacular del mundo, por las aguas en las que se encuentra hundido y por su carga (motocicletas, coches, alas de avión, e incluso una locomotora).

El 2 de junio de 1941 con destino a Alejandría salió del puerto de Glasgow, se dirigió a algún lugar del sur de Inglaterra, donde se armó con ametralladoras y de ahí lideró un convoy con destino Sudáfrica.

Tras su parada en Sudáfrica, el convoy entró en el Mar Rojo la tercera semana de septiembre. En la entrada del Mar Rojo, recibió el capitán la orden de esperar instrucciones. En esos momentos el canal fue bloqueado por dos buques y el Thistlegorm se quedó dos semanas por el sur del canal, hasta que llegó a los alemanes el rumor de que un buque del tamaño del Queen Mary se hallaba en esa zona con el objeto de descargar tropas en el norte de África. En 1941 el ejercito Alemán controlaba todo el Mediterráneo.

Fue hundido por un avión Heinkel 111's Alemán a las 22:50 h del día 5 de octubre de 1.941 mientras estaba fondeado esperando a su buque escolta.

El barco estuvo prácticamente en el olvido hasta hace unos pocos años y fue descubierto por el Comandante Cousteau el cual mantuvo sus coordenadas en secreto durante bastante tiempo.


Luego, al regreso, os contaré alguna cosa más. Pero ahora he querido dejaros un regalo, para aquellos que tengais, en algún momento, 10 minutos para disfrutar.

¡A vuestra salud!.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El miedo que me dejas...


Caminar a tu lado es saber decir adiós.

O aprender a despedirme del miedo
que me dejas cada vez que te vas.


domingo, 22 de noviembre de 2009

EL CUENTO DE MAR (Gracias a Javier Ribas)

Es dificil para mi negarle nada a Javier Ribas. En este caso la propuesta era encantadora: había prometido un cuento a su amiga MAR. Puede que no sea este un cuento de princesas al uso; pero mo me cabe duda de que es un cuento de caballeros, que es lo más cercano a ese sueño de castillos y dragones. Esta vez me acompaña Mark Knopfler.



EL CABALLERO DE LA TORRE

El caballero sube desde la cripta hacia la estancia al oír ruidos en el exterior. Han pasado muchas horas desde la madrugada en que se postró ante el sepulcro para orar. Su cuerpo, entrenado para la austeridad y la guerra, no muestra rastro de fatiga. Se mueve ágil al subir la espiral de la escalera que, poco a poco, va anunciando la luz tamizada que alumbra la sala principal de la torre. Todo en él es fuerza y poder bajo su sobrio manto y la pesada armadura que viste, de los cuales no ha de despojarse jamás.

Alonso sube pausadamente los escalones y es como si hubiese iniciado un viaje hacia el pasado, ese pasado que vive junto a él, pegado a los muros de aquella torre. Se mezclan sonidos de guerra y gritos de angustia en su cerebro; el eco de pasos que llenan salones reales y, más que nunca, el sabor acre de la arena del desierto en Jerusalén.

Escucha su propia respiración, solemne, a medida que asciende peldaño a peldaño, y su mano ha ceñido el puño de la espada que cuelga cerca de su pierna derecha desde siempre. Al menos eso cree el Templario: aquel acero ha estado a su lado tanto tiempo, que se ha convertido en otro apéndice del guerrero.

Por un extraño azar, acude a su mente el desfiladero de Qurum-attun. Tierra Santa, 1187; a las órdenes de Guido de Lusignan. Saladino aplasta a las fuerzas templarias y hospitalarias. Alonso Miñarro revive por enésima vez el dolor de la enorme herida de su hombro izquierdo; la sangre manando de ella hasta teñir la arena que le sirve de sudario; el retumbar de los cascos a su alrededor. Luego, la oscuridad de la noche y el frío intenso sobre su cuerpo muerto, ahora tan vulnerable. Los ojos cerrados bajo el yelmo que protegió su cráneo en la batalla.

Escucha de nuevo el ruido que lo sacó de su oración: los ladridos de un perro y, bajo ellos, una voz incomprensible, leve, que se mezcla con la luz de la tarde. Ha escuchado ladrar a muchos perros y aquel sonido tiene algo de especial que el soldado no llega a comprender. Cuando alcanza el último de los escalones que ascienden desde la cripta, aún no ha desentrañado el misterio. Pero solo van a hacer falta unos pocos pasos para que comience a entender. El sol que entra por el lucernario superior de la torre, arranca un reflejo a su armadura cuando Alonso se sitúa frente a la única abertura que comunica con el exterior, protegido en la oscuridad.

Fuera, la pequeña Mar se ha parado al creer ver un destello en el interior de la torre. Si, está segura: lo ha visto. Su manita sujeta inútilmente la correa del perro que, ajeno, corre por el bosque, y mira hipnotizada aquella abertura negra que rompe la arquitectura compacta de la torre. Pasan segundos o años: el caballero y la niña se sienten atados a sus pies. Han dejado de ser dueños de la voluntad que podría impulsarlos a avanzar o bien a huir de aquel lugar. Detrás de la reja que forma la celada del caballero, sus ojos acostumbrados a escudriñar la noche, permanecen fijos sobre el pequeño cuerpo que, en medio del bosquecillo, parece una estatua perfecta. La mano que ciñe el pomo de la espada se crispa y, un segundo más tarde, cede la fuerza y los ojos de caballero se vuelven curiosos.

Mar ha comenzado a andar, decidida, hacia la Torre. Alonso, con un escalofrío, vuelve a notar la tensión en su mano y el corazón se acelera. La luz que atraviesa el yelmo dibuja líneas oscuras en sus ojos que, instintivamente, tratan de buscar un refugio. Algo le ha detenido: acaba de sentir vergüenza. Él, guerrero en decenas de batallas, la presencia que aterra al enemigo, está tratando de huir de un ser indefenso: una niña pequeña. Sin lograr que el miedo escape de los ojos libra su mano de la espada y asienta los pies sobre el suelo de aquella estancia que lleva siglos recorriendo. Espera.

No muestra el más mínimo asombro: es como si para la pequeña, después de haber entrado en un castillo medio derruido, lo más natural fuese hallar la figura real de un guerrero. ¿Cómo te llamas?. Y Alonso suda y duda y el brazo izquierdo hace un inútil movimiento hacia la espada y, sin voluntad murmura “Alonfo”. ¿Quéeeee? — es la respuesta incrédula de Mar —. “A-lon- fffo” — intenta puntualizar en un tono algo más alto el templario —. ¡Eso no es un nombre!. ¿Vives aquí?. ¿Qué haces?. ¿Por qué vas vestido de esa forma tan rara?.

Alonso se siente mareado. Lleva siglos sin oír voz alguna y aquel pequeño ser, que lo mira fijamente desde abajo, pregunta y pregunta cosas para las cuales no tiene respuesta. Porque él nunca ha tenido que dar respuesta a las cosas que suceden en la torre. Ni siquiera sabe por qué está allí: simplemente está. No sabe por qué cada día se postra ante el sepulcro de la cripta ni quien yace bajo aquel túmulo. No sabría decir por qué ora ni desde cuando lo hace. Está sintiendo cosas que no puede interpretar. Por ejemplo: su corazón se comporta como cuando entraba en combate. Late con fuerza, muy deprisa. Siente temor y placer y todos los músculos se tensan sin dolor.

Mientras tanto, Mar sigue preguntando cosas, distraída, sin esperar respuesta del caballero que la contempla abatido desde la protección de su yelmo. Se han sentado, ni siquiera sabe por qué, ni de quien ha sido la iniciativa. Pero allí están en el interior de la torre, Mar y Alonso, sentados, hasta que los ladridos del perro, más que el oro de la tarde, levantan a la niña de su piedra.

— Me voy, se hace tarde.

— ¿Te vas ya?.

— Si. Gregorio me está buscando.

— ¿Quién es Gregorio?.

— ¡Mi perro! — dice Mar como si no hubiese otra cosa más natural.

— Y tu, ¿cómo te llamas?.

— Mar.

— ¿Vas a volver?

Mar no entiende bien la pregunta. Se encoge de hombros y, mientras sale corriendo en busca de su perro, dice:

— ¡Claro!.

La noche ha pasado en blanco para Alonso. La luz del amanecer empieza a entrar por la abertura de la torre. Como cada día, el templario, se dispone a bajar a la cripta. Apenas ha descendido dos o tres peldaños, se detiene. No recuerda cuando apareció la niña ni qué hora era. Vuelve tras sus pasos y se sienta en la misma piedra que ocupó frente a ella aquella tarde.

Sus ojos, detrás de la reja que forma la celada, escrutan el exterior. Y espera...


martes, 17 de noviembre de 2009

Soñemos un momento

La FAO advierte sobre la distribución de recursos... Mas de 1000.000.000 de seres humanos pasan hambre... La Cumbre USA-China condenada al fracaso... Las emisiones de CO2...
Vamos a hacer un guiso con sentido,
sin asador al que echar carne,
ni huesos que no sean de santo:
un caldo de cultivo sin veneno.

Sin pensar la famélica sabana
como un plato de arena;
la selva miserable, una ensalada;
la guerra, el condimento de la vida.

Soñemos un momento
que los niños no mueren.
O que esta tarde en el cine dieran sesión doble,
y que las balas son de chocolate.

Que un nuevo diluvio se apodera de los hombres
que maltratan la tierra.
Que nunca despertamos de ese sueño
y que, de una vez, se acaban los diarios.

jueves, 29 de octubre de 2009

Para la siesta del dios de las cosas


La mano del niño no alcanza la luna.
Subido en el dedo perfecto de Dios
se baña en un llanto de sueño improbable
y tienta a la suerte.

Se estira creciendo en el tiempo, saltando
con plomo en los pies.

Mientras
penetra la adulta raíz en la carne
del niño y la tierra.

El dios de la cosas esconde su dedo
y espera paciente a que llegue otra noche.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Tocando el Cielo

No bastaba el cielo espléndido de Cáceres. La luz, que reflejaba en el río y escapaba entre la enramada del soto, no era suficiente.

Mientras tanto, pocos minutos después de nuestra llegada a la casa, ya estaba todo dispuesto, en ese orden improvisado que hace hogar sin darte cuenta. Uno llega y deja su — digamos — tabaco, en algún sitio; y ahí seguirá el resto de los días, sentando plaza.

Y ya, con la noche cumplida, después de la cena, salí a empaparme de estrellas que amenazaban con caerse de un cielo imposible. Y vi que no iba a bastar con esos millones de puntos de luz. Ni con el creciente magnífico que ya dejaba señales inequívocas en el agua.

Fueron otras las cosas que encendieron la estancia. El abrazo de Carlos y sus manos, ¡tan tierra!. Esa mirada de ceguera consciente y ternura insensata en un acta de capitulaciones a través de la cual nos daba su casa.


¿Cómo hubiésemos podido movernos sin las alas que iban dejando risas y canciones?. Sonó Colombia en la fuerza dulce de Juliana, que nos tenía por mostrar cada belleza de su tierra y de su historia.

Y sonó, dulce o más, Brasil, en el alma y los brazos de Bruno, que no había algo que hacer que él no hiciese: si leña, si agua, si risa, si baile. Si mirar..., si callar... Y así, aprendí que todos los brasileños cantan la samba con el mismo tono íntimo, susurrante, cálido. Con ese que nos ayuda a soñar con el Carnaval y tantas otras cosas!.

Ni las llamas de esa chimenea que nos convocaba dieron más luz que ciertas sonrisas de Sara o Gonzalo. Las de cada uno; las de ambos cuando chocaban en sus ojos o sus cuerpos. Y me preguntaba ¿cómo diablos se ha enterado de que faltaba pan, si estaba embobado/a?. Pero sí, se enteraban de todo. Y aún atisbé a Gonzalo bajo los árboles. Creo que buscaba un “Sitio de Poder”. No se, habré de preguntarle.

Hemos llegado a hacernos expertos en recoger aguas residuales del suelo con la mejor de las sonrisas. Y es que, con esta gente al lado, me río yo de los colectores obstruidos. Claro, que así pudimos regresar al placer de la letrina natural y de lavarnos los dientes en plena naturaleza.

Una tarde vi a Sara, como emergiendo entre las zarzas. Venía mojada hasta las rodillas, llena de pinchos, cámara en ristre y con una sonrisa entre los ojos que, esa sí, iluminaba todo el bosque.

Creo que fue después de las primeras 12 ó 18 horas cuando me di cuenta de que algo había cambiado. Miré en todas direcciones; traté de aguzar mis sentidos. No, no los de siempre: los otros. Y no me parecía que hubiese nada raro. Así que me decidí por el silencio. Y entonces si, entonces supe qué era: ¡era Montse!. Nadie lo creería, pero ahora hablaba más despacio, se movía más despacio, abrazaba más despacio. Y, por tanto, brillaba todo el tiempo, y los pies no le llegaban al suelo, y cantaba... Cantaba como los mismos ángeles, hasta el final, hasta que la noche se la llevaba.

A Rosa se la llevó un buen viento. Se la llevó volando sobre el valle. Aquí, en la tierra, ya había cumplido. Así que en Octubre se fue en cuerpo y alma hacia el cielo. Ahora entiendo mejor lo de sus ojos.

Después de ella volaron todos: Sara, Bruno, Montse, Carlos, Gonzalo, Juliana... Todos se fueron al cielo.



¿Yo?. Yo me desnudé sobre una piedra del río helado. No miré si me miraban o si era profundo. Me tiré al agua y nadé hasta quedar detenido en un tronco seco.


viernes, 16 de octubre de 2009

Cambia la hora

Cambia la hora en punto de los astros
mientras vuelve su mirada hacia el espejo
sin más ánimo que un último retoque.

Y como cambia, florece
de cada imagen real su consecuencia
recogiendo
el borde oxidado de su vida,
alargando la llegada de ese tiempo
en el que ya, un riego de socorro

es solo agua para la última copa.

lunes, 12 de octubre de 2009

¡Felicidades, Pilar!


Me temo que si no lo hago me la cargo!... Pero lo hago con tanto gusto!!!.

He querido mandarte por aqui un brindis y el beso más grande.


Disfruta tu día, aunque ya sabes que a mi esto de los santos...

Pero a ti te hace ilusión y eso basta.

Besos a montón y muchiiiisimaaassss FELICIDADES, cariño


viernes, 9 de octubre de 2009